lunes, 25 de abril de 2011

Date cuenta. Las palabras.

Las palabras son maravillosamente letales, trístemente bellas y descaradamente monótonas. Es increíble que unas pocas palabras sean capaces de cambiar por completo un instante, un día o una vida. ¿Nunca te lo has planteado? ¿nunca has sentido el chasquido que producen en tu materia gris unas buenas palabras? ¿o por el contrario has sentido por tu flujo sanguíneo una inmensa sensación de rabia al escucharlas? entonces la frase "cuida tus palabras" cobra cada vez más sentido. Hay personas que no las cuidan, las torturan de tal forma que al salir de sus bocas terminan por causar daño a todo el que le rodea, otros consiguen establecer un término medio que les permite desonvelverse de buena manera en este arte del palabreo, pero existe un grado superior.

Existe el don, el don de escribir o el don de la palabra, que suelen encontrarse unidas. Aquellas personas que lo poseen son capaces de mentir de la forma más cruel, hasta conmoverte haciéndote llegar a las lágrimas. Conozco a algunas de esas personas, aunque en mi caso, han mentido.

El verdadero espíritu de una palabra es causar el bien y transmitir energía positiva por todo su entorno. Solo espíritus corrompidos hacen mal uso de ellas de una forma consciente, humillante y sucia. Seguro que conoces a alguien con esa "especialidad".

Los ojos son el espejo del alma, las palabras son el agua donde se reflejan esos ojos.

¿Y tú? ¿sientes la magia de las palabras?

"Cuida tus palabras, úsalas con precaución y coherencia. Haz que sean capaces de transmitir desde la mayor de tus desdichas hasta los más grandes momentos de tu vida".

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